Intercampaña: Qué es, cuánto dura y qué pueden hacer los candidatos a la presidencia 2024 en México

Por poco más de un mes (19 de enero a 29 de febrero) el INE tiene reglas muy particulares

Desde el 19 de enero hasta el 29 de febrero, el baja el telón de las precampañas, mientras se levanta el de la intercampaña electoral. Este periodo, meticulosamente coreografiado por las reglas del Instituto Nacional Electoral, insta a los aspirantes a bailar al ritmo de la legalidad, evitando pasos en falso que los conduzcan a la violación de la ley.

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La intercampaña, como un interludio en el frenesí político, busca poner fin a la etapa de preparación de los partidos, ofreciendo un escenario donde se resuelven las posibles disonancias surgidas en la selección interna de los candidatos para las elecciones populares. Es un momento para que los protagonistas desentrañen los giros y vueltas de la política, definiendo quiénes serán las estrellas en el escenario electoral.

Las reglas del periodo de la Intercampaña

Durante este compás, los aspirantes se ven obligados a permanecer en las sombras de la escena mediática. Las luces de los spots, debates y mesas redondas se apagan para ellos. Sin embargo, la música no se detiene por completo. En el telón de fondo, la propaganda política se erige como el teléfono que sigue sonando en el camerino político. Su propósito: presentar la ideología, principios, valores y programas de los partidos políticos, creando un mosaico visual que pinta la esencia de cada agrupación.

Este peculiar periodo permite, de forma casi poética, la manifestación de ideas y críticas propias del contexto político. Las palabras bailan en el aire, propiciando el debate como una danza de argumentos y contraargumentos. Es un momento donde la orquesta política interpreta las partituras de las Declaraciones de Principios y los Programas de Acción, tejiendo la trama de la narrativa electoral.

El INE, como el director de esta función, recuerda a los protagonistas las reglas del juego. En su comunicado, resalta la importancia de no caer en actos anticipados de campaña, advirtiendo que el escenario está reservado para el análisis interno de los partidos y la revisión de los requisitos de las postulaciones.

Los candidatos no pueden promover su imagen

En medio de esta danza regulada, se permite la difusión de cuestionamientos o logros de la actividad gubernamental. Sin embargo, la coreografía exige sutileza: ningún promocional debe mencionar ni identificar a una candidatura o partido político, evitando así posicionarlos de forma negativa o positiva.

En esta danza efímera, los aspirantes deben encontrar el equilibrio perfecto, mostrando sus mejores pasos sin caer en la trampa de la ilegalidad. La intercampaña, como un acto previo al gran espectáculo electoral, nos invita a observar cómo los políticos bailan entre la legalidad y la estrategia, marcando cada movimiento con la tinta de la política en su estado más puro.

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