Un creciente número de jóvenes estadounidenses, hijos de migrantes indocumentados, está enlistándose en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos con la esperanza de proteger a sus familias de la deportación. Así lo documenta un reportaje de The New York Times, que revela cómo el endurecimiento de la política migratoria bajo el presidente Donald Trump ha transformado las motivaciones de quienes buscan ingresar al Ejército.
El fenómeno ocurre en un contexto de redadas más agresivas y un clima de temor en comunidades migrantes, intensificado tras la muerte de una madre de tres hijos durante un operativo del ICE en Mineápolis la semana pasada.
Parole in Place: la vía para evitar la deportación
Muchos de estos jóvenes recurren al programa Parole in Place (PIP), una política creada en 2007 durante el gobierno de George W. Bush. El programa permite que familiares indocumentados de militares activos eviten la deportación y accedan a un proceso acelerado hacia la residencia legal.
El caso que originó esta política fue el del sargento Alex R. Jiménez, quien murió en Irak mientras su esposa enfrentaba un proceso de deportación.
“Ahora se enlistan para proteger a sus familias”
Rosa Cortez, sargento de primera clase y reclutadora de la Guardia Nacional de Oregón, explicó al diario que el perfil de los voluntarios ha cambiado. Antes buscaban oportunidades profesionales; ahora, muchos llegan impulsados por el miedo a perder a sus padres.
Cortez, hija de inmigrantes indocumentados, relató que ha visto un aumento de jóvenes que buscan enlistarse tras presenciar redadas o detenciones en sus comunidades. También señaló que, bajo la actual administración, la Guardia Nacional ha sido desplegada con mayor frecuencia en tareas policiales en ciudades demócratas, lo que ha generado tensiones internas.
Historias detrás del uniforme
Entre los casos mencionados está el de Lindsey Vásquez, de 20 años, quien trabajaba en una tienda departamental cuando decidió enlistarse. Gracias a ello, sus padres pudieron iniciar el proceso para obtener la residencia permanente.
Otro caso es el de Juan, de 23 años, quien decidió alistarse tras ver cómo agentes federales enmascarados arrestaban a un amigo de la familia en un Home Depot.
“Espero que mi madre califique para PIP para que no tenga que salir del país”, dijo al enlistarse.
Aunque tenía dudas, Juan aprobó el examen de ingreso antes de Navidad y continúa su proceso. “Es un buen chico, lleno de energía. Creo que será un gran líder”, afirmó Cortez.