El priísmo volvió a demostrar su fuerza en Coahuila. Con el 100% de las actas capturadas por el PREP, la coalición PRI–Unidad Democrática de Coahuila (UDC) ganó los 16 distritos de mayoría relativa y acumuló 684.515 votos, equivalentes al 55% de la votación. Morena y el Partido del Trabajo obtuvieron 326.012 sufragios (26%), sin lograr triunfos distritales.
La elección, la única contienda estatal programada en México para 2026, fue observada como un termómetro político para ambas fuerzas. Para el PRI, representaba la defensa de uno de sus últimos bastiones; para Morena, una oportunidad de expandir su dominio territorial.
La participación ciudadana alcanzó el 51% de la Lista Nominal, superando ampliamente el 39% registrado en 2020. El INE reportó una jornada sin incidentes graves y con la instalación del 100% de las casillas.
El proceso también marcó un precedente tecnológico con la operación de una Mesa de Escrutinio y Cómputo Electrónica para votos emitidos por internet, parte de las pruebas para ampliar la votación remota en futuros comicios.
Mientras el PRI celebraba un “carro completo”, Morena denunció irregularidades y acusó una “elección de Estado”. Sin embargo, la diferencia de casi 360.000 votos complicó la narrativa de fraude y evidenció problemas internos en la operación territorial del partido guinda.
La derrota representa un golpe para Andrés López Beltrán, responsable de la estrategia territorial de Morena, cuya salida de la dirigencia nacional dejó la operación electoral debilitada. Algunas voces del partido, como el diputado Antonio Attolini, reconocieron públicamente la derrota.
Para el PRI, el resultado valida una estrategia centrada en la seguridad pública y la estabilidad, temas que resonaron en un electorado que ha convertido la seguridad en un elemento identitario.
Los cómputos distritales iniciarán el 10 de junio y definirán la distribución de las diputaciones de representación proporcional que completarán la integración del Congreso local.